El fin de semana en el que no escribí ni una palabra

Tri hamaky zavesené medzi borovicami pod vápencovou skalou, v tráve na okraji lesa.

El fin de semana estuve con amigos en el festival Slnko na skalách. Todo él gira en torno al senderismo extremo: charlas de gente que llegó a algún sitio por su propio pie y un programa que va con eso. Como a mí el senderismo me cambió la vida, no podía faltar.

Me llevé el trabajo conmigo.

Sobre los plazos

El manuscrito tiene que estar terminado a mediados de noviembre. Nadie me puso ese plazo, me lo puse yo mismo, porque sin el manuscrito terminado no se puede poner en marcha nada más: ni la edición, ni la maquetación, ni la campaña. De ahí me sale un ritmo de capítulo y medio por semana.

La semana anterior escribí uno. Así que ya iba con retraso antes de salir y me dije que lo recuperaría en el festival. Dónde va a haber mejor sitio para escribir un libro que en el bosque bajo las rocas.

Este es un engaño que me creí completamente por voluntad propia.

Sobre dormir en una hamaca

Quería disfrutar de la naturaleza al máximo, así que no dormí en tienda. Colgué una hamaca entre dos árboles, con vistas directas al cielo. Eso también me lo justifiqué con el trabajo: que sería inspiración para el siguiente día de escritura.

Y les digo que cuando uno se duerme en el regazo de la naturaleza oye cosas que en una ciudad ruidosa no se oyen nunca. Saltamontes. El viento en las copas. La red se mece despacio debajo de ti y encima de ti están las estrellas.

A las tres de la mañana empezó a llover. Nada dramático: extendí rápido la lona sobre la hamaca y seguí durmiendo. Todavía estuve un rato escuchando cómo caían las gotas en la lona y cómo el viento chocaba contra los árboles, y luego me dormí otra vez.

Por la mañana tenía el portátil completamente seco y completamente sin usar.

Sobre por qué no escribí nada

Porque estaba disfrutando de la naturaleza, dedicándome a mis amigos y yendo al programa. Esa es toda la explicación y no tengo nada que añadirle.

Una parte de mí se enfada y otra no. Escribir un libro sobre cómo aprendí a vivir puede llegar al punto en que te impide vivir. Ese fin de semana era exactamente de lo que va el libro, y si lo hubiera pasado sentado delante del teclado habría sido un poco ridículo.

Eso no cambia el hecho de que voy con retraso. Medio capítulo, exactamente. Lo estoy recuperando esta semana.

Sobre la charla que me tocó

Los que más me marcaron fueron Michal Tlelka y Sofia Bočeva y su charla titulada 215 días a pie a través del Himalaya.

El Great Himalaya Trail nepalí mide 1.700 kilómetros y lo llaman el trek más duro del mundo. En toda su historia lo han recorrido unas cien personas. A Michal se le ocurrió ampliarlo con otros dos países y unir el ochomil más occidental, el Nanga Parbat en Pakistán, pasando por India y Nepal, con el más oriental, el Kangchenjunga.

Los primeros trescientos kilómetros en Pakistán los hizo solo. Después se le unió Sofia y juntos lo caminaron hasta el campo base bajo el Kangchenjunga.

De mayo a Navidad. Más de 3.600 kilómetros. 160.000 metros de desnivel. 62 collados de alta montaña, veinte de ellos por encima de los cinco mil metros.

Sobre las historias pequeñas

Estaba sentado en esa charla y se me ocurrió pensar a qué juego yo con mi historia pequeña. Ellos atravesaron la cordillera más alta del mundo. Yo adelgacé y dejé de consumir.

Eso me tuvo un rato y luego caí en que no hace falta atravesar el Himalaya para llegarle a alguien.

Michal y Sofia me inspiran a mí. Nunca iré donde estuvieron ellos, y aun así salí de aquella noche distinto de como entré.

Exactamente igual encontrará mi historia a su gente. No serán tantos y no serán los mismos, pero en algún sitio hay una persona sentada en casa entre cuatro paredes diciéndose que esto es normal. Y a lo mejor ese libro le cambia la vida como me la cambié yo a mí mismo.

Por eso lo escribo.

Debo medio capítulo. Lo estoy recuperando esta semana.