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        <title>Diario — Jozef Môstka</title>
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        <description>Diario de Jozef Môstka — del libro 7 años para vivir, de la escritura y la publicación. Directo, sin filtros.</description>
        <language>es</language>
        <lastBuildDate>Mon, 14 Sep 2026 10:26:19 +0000</lastBuildDate>
        <managingEditor>jozef@mostka.sk (Jozef Môstka)</managingEditor>
        <webMaster>jozef@mostka.sk (Jozef Môstka)</webMaster>
        <copyright>© 2026 Jozef Môstka</copyright>
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        <category>Diario</category>
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            <title>Diario — Jozef Môstka</title>
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                <title>Yo puedo</title>
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                <pubDate>Mon, 14 Sep 2026 00:00:00 +0000</pubDate>
                <author>jozef@mostka.sk (Jozef Môstka)</author>
                <dc:creator>Jozef Môstka</dc:creator>
                <category>Diario</category>
                                    <description>Esta foto es del 10 de septiembre de 2023. Entonces estuve por primera vez en mi vida en la alta montaña.</description>
                                                    <content:encoded><![CDATA[&lt;p&gt;Esta foto es del 10 de septiembre de 2023. Entonces estuve por primera vez en mi vida en la alta montaña.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tenía 36 años y pesaba 111 kilos. Es un número que hoy parece terrible, pero en aquel momento significaba que llevaba 44 kilos menos a mis espaldas. Y sobre todo significaba que por fin podía.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tres horas cuesta arriba&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Durante todo el camino se me repetía una frase en la cabeza. No era nada inventado, no se me ocurrió de vuelta a casa. Estaba ahí mientras andaba, y cuanto más alto subíamos, más fuerte sonaba.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Yo puedo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Yo puedo subir cuesta arriba en los Tatras tres horas seguidas y todavía me quedan fuerzas. No estoy cansado en absoluto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una persona que pesaba más de ciento cuarenta kilos y pasaba las tardes delante de la tele no se dice una frase así sin más. Esa frase no va de rendimiento. Va de que el cuerpo de pronto hace lo que usted le dice, y no lo que él le permite.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta idea la recuerdo con más precisión que la ruta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por primera vez con gente desconocida&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Fue mi primera salida con el club de montaña KST Nižná. Por primera vez en mi vida fui a algún sitio con gente a la que no conocía de nada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para alguien es algo corriente. Para mí fue la mayor barrera de todo el día, mayor que el desnivel.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Toda la vida dije de mí mismo que era un introvertido sin remedio. Que no encajo entre la gente, que me agota, que sencillamente no es lo mío. Lo consideraba un rasgo. Algo que viene dado y con lo que no se puede hacer nada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ese día descubrí que no es verdad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No soy introvertido. Solo que nunca había conocido a gente con la que tuviera algo que compartir.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y cómo iba a conocerla. Hasta hace poco me interesaban la tele, el ordenador y el estado de un cerebro lavado. ¿Con quién voy a hablar de eso? ¿De qué tiene que hablar una persona así? Todos esos años me expliqué ese silencio con mi carácter, cuando era el silencio de alguien que no tiene nada que decir porque no hace nada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando de repente subes con alguien cinco horas cuesta arriba, tienes tema común automáticamente. Estáis en el mismo sendero, con el mismo tiempo, con el mismo cansancio. La conversación viene sola.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo que cambió&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las montañas me cambiaron la mirada sobre el mundo. No suena a gran descubrimiento, pero para mí lo fue.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hasta septiembre de 2023 mi mundo lo formaban cuatro paredes, dos gatos y el trabajo. Después de septiembre de 2023 había también en él gente que me escribía adónde se iba la próxima vez, y un paisaje que me conquistaba a cada paso.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Fue una época inmensamente feliz y sé exactamente cuándo empezó.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Entonces todavía no sospechaba que en menos de dos años estaría en el Elbrús. En aquel momento ni se me habría pasado por la cabeza. Me bastaba con haber llegado arriba y con no estar cansado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Escribo sobre esto en el libro: capítulo Mosaico de la vida, subcapítulo La montaña que me acogió.&lt;/p&gt;
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                    <item>
                <title>El fin de semana en el que no escribí ni una palabra</title>
                <link>https://mostka.sk/es/diario/2026/09/el-fin-de-semana-en-el-que-no-escribi-ni-una-palabra</link>
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                <pubDate>Fri, 11 Sep 2026 00:00:00 +0000</pubDate>
                <author>jozef@mostka.sk (Jozef Môstka)</author>
                <dc:creator>Jozef Môstka</dc:creator>
                <category>Diario</category>
                                    <description>El fin de semana estuve con amigos en el festival Slnko na skalách. Todo él gira en torno al senderismo extremo: charlas de gente que llegó a algún sitio por su propio pie y un programa que va con eso. Como a mí el senderismo me cambió la vida, no podía faltar.</description>
                                                    <content:encoded><![CDATA[&lt;p&gt;El fin de semana estuve con amigos en el festival Slnko na skalách. Todo él gira en torno al senderismo extremo: charlas de gente que llegó a algún sitio por su propio pie y un programa que va con eso. Como a mí el senderismo me cambió la vida, no podía faltar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Me llevé el trabajo conmigo.&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;Sobre los plazos&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;El manuscrito tiene que estar terminado a mediados de noviembre. Nadie me puso ese plazo, me lo puse yo mismo, porque sin el manuscrito terminado no se puede poner en marcha nada más: ni la edición, ni la maquetación, ni la campaña. De ahí me sale un ritmo de capítulo y medio por semana.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La semana anterior escribí uno. Así que ya iba con retraso antes de salir y me dije que lo recuperaría en el festival. Dónde va a haber mejor sitio para escribir un libro que en el bosque bajo las rocas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este es un engaño que me creí completamente por voluntad propia.&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;Sobre dormir en una hamaca&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Quería disfrutar de la naturaleza al máximo, así que no dormí en tienda. Colgué una hamaca entre dos árboles, con vistas directas al cielo. Eso también me lo justifiqué con el trabajo: que sería inspiración para el siguiente día de escritura.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y les digo que cuando uno se duerme en el regazo de la naturaleza oye cosas que en una ciudad ruidosa no se oyen nunca. Saltamontes. El viento en las copas. La red se mece despacio debajo de ti y encima de ti están las estrellas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A las tres de la mañana empezó a llover. Nada dramático: extendí rápido la lona sobre la hamaca y seguí durmiendo. Todavía estuve un rato escuchando cómo caían las gotas en la lona y cómo el viento chocaba contra los árboles, y luego me dormí otra vez.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por la mañana tenía el portátil completamente seco y completamente sin usar.&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;Sobre por qué no escribí nada&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Porque estaba disfrutando de la naturaleza, dedicándome a mis amigos y yendo al programa. Esa es toda la explicación y no tengo nada que añadirle.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una parte de mí se enfada y otra no. Escribir un libro sobre cómo aprendí a vivir puede llegar al punto en que te impide vivir. Ese fin de semana era exactamente de lo que va el libro, y si lo hubiera pasado sentado delante del teclado habría sido un poco ridículo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Eso no cambia el hecho de que voy con retraso. Medio capítulo, exactamente. Lo estoy recuperando esta semana.&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;Sobre la charla que me tocó&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Los que más me marcaron fueron Michal Tlelka y Sofia Bočeva y su charla titulada 215 días a pie a través del Himalaya.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El Great Himalaya Trail nepalí mide 1.700 kilómetros y lo llaman el trek más duro del mundo. En toda su historia lo han recorrido unas cien personas. A Michal se le ocurrió ampliarlo con otros dos países y unir el ochomil más occidental, el Nanga Parbat en Pakistán, pasando por India y Nepal, con el más oriental, el Kangchenjunga.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los primeros trescientos kilómetros en Pakistán los hizo solo. Después se le unió Sofia y juntos lo caminaron hasta el campo base bajo el Kangchenjunga.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De mayo a Navidad. Más de 3.600 kilómetros. 160.000 metros de desnivel. 62 collados de alta montaña, veinte de ellos por encima de los cinco mil metros.&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;Sobre las historias pequeñas&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Estaba sentado en esa charla y se me ocurrió pensar a qué juego yo con mi historia pequeña. Ellos atravesaron la cordillera más alta del mundo. Yo adelgacé y dejé de consumir.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Eso me tuvo un rato y luego caí en que no hace falta atravesar el Himalaya para llegarle a alguien.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Michal y Sofia me inspiran a mí. Nunca iré donde estuvieron ellos, y aun así salí de aquella noche distinto de como entré.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Exactamente igual encontrará mi historia a su gente. No serán tantos y no serán los mismos, pero en algún sitio hay una persona sentada en casa entre cuatro paredes diciéndose que esto es normal. Y a lo mejor ese libro le cambia la vida como me la cambié yo a mí mismo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por eso lo escribo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Debo medio capítulo. Lo estoy recuperando esta semana.&lt;/p&gt;
]]></content:encoded>
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                <title>Durante diez años creí que en ese cuadro decía otra cosa</title>
                <link>https://mostka.sk/es/diario/2026/09/durante-diez-anos-crei-que-en-ese-cuadro-decia-otra-cosa</link>
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                <pubDate>Mon, 07 Sep 2026 00:00:00 +0000</pubDate>
                <author>jozef@mostka.sk (Jozef Môstka)</author>
                <dc:creator>Jozef Môstka</dc:creator>
                <category>Diario</category>
                                    <description>Esta foto la hice el 8 de junio de 2014. Es mi habitación de entonces: el sofá, el armario, el despertador en la mesita. Y sobre el sofá el cuadro que había encargado unos meses antes.</description>
                                                    <content:encoded><![CDATA[&lt;p&gt;Esta foto la hice el 8 de junio de 2014. Es mi habitación de entonces: el sofá, el armario, el despertador en la mesita. Y sobre el sofá el cuadro que había encargado unos meses antes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No había nada profundo detrás. Quería que mi casa se viera más bonita. Encontré en Facebook a una pintora de la zona, Zuzana Kolaďová, y le escribí. Me mandó bocetos de lo que podía pintarme y, cuando vi un árbol entre ellos, quedó decidido. Los bonsáis me han fascinado desde siempre, como seguramente a todo el mundo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el modelo había unas inscripciones por los bordes y en ese momento se me ocurrió llevarlo un nivel más allá. No quiero ahí un adorno, quiero ahí una frase. Y la quería en jeroglíficos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Busqué en Google a un profesor que se dedica a las lenguas antiguas, le escribí un correo y le pedí si podía ayudarme con la traducción. Me contestó que los jeroglíficos no son lo suyo, pero que, si quería, me lo hacía en escritura cuneiforme.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Acepté. El documento que me envió lleva la fecha del 20 de enero de 2014 y lo conservo hasta hoy. Contiene la misma frase en tres formas: ugarítica, hebrea y acadia. En la hebrea hay también una transcripción al alfabeto latino, así que se puede leer sin conocer la escritura. Al cuadro fue la versión acadia, en escritura cuneiforme. El cuadro está firmado y fechado 2/2014 por detrás, así que Zuzana lo pintó un mes después de que me llegara la traducción.&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;Por qué justo esa frase&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Entonces estaba completamente perdido. No tenía nada en la vida salvo el trabajo y la programación. Ningún amigo. Trabajo, tele y comida: esas eran las tres cosas de las que se componía mi día, y nada entre medias.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por la mañana me ponía veinte despertadores. No dos, no cinco. Veinte. Si no, no me levantaba de la cama.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y justo en aquella época volví a la metanfetamina después de dos años. No era la primera vez, y esa es la diferencia esencial: era volver a algo de lo que ya sabía lo que me hacía. No lo sabía nadie. Ni la familia, ni la gente del trabajo. Eso era lo que más me pesaba de todo. No consumir en sí, sino estar solo con ello.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En ese estado elegí una frase para la pared.&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;Lo que creí durante años que ponía ahí&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Que era algo sobre ayudar a los demás. O bien &amp;quot;ayúdate a ti mismo y ayudarás a los demás&amp;quot;, o bien &amp;quot;ayuda a los demás y te ayudarás a ti mismo&amp;quot;. No recordaba las palabras exactas, pero estaba seguro de que iba de dar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El fin de semana abrí de nuevo aquel documento viejo y lo leí como es debido.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La versión hebrea dice &lt;em&gt;ʿazor li, taʿazor lecha&lt;/em&gt;. Ese &amp;quot;li&amp;quot; significa a mí. Ese &amp;quot;lecha&amp;quot; significa a ti. La versión ugarítica está construida exactamente igual.&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;Ayúdame y te ayudarás a ti mismo.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;No a los demás. A mí.&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;Qué significa eso&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Un hombre que no le había contado su problema a una sola persona viva se colgó sobre el sofá una petición de ayuda. En primera persona. Directa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y la mandó escribir de manera que nadie la leyera.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo más extraño es que ni siquiera fue idea mía. Yo quería jeroglíficos. La escritura cuneiforme la propuso el profesor, porque los jeroglíficos no eran su campo. Así que el escondite se volvió aún más perfecto por casualidad: una escritura que en Eslovaquia leerán quizá unas pocas decenas de personas, y yo no estoy entre ellas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No soy de los que verían aquí un destino. No creo que alguien me lo enviara. Solo creo que entonces pedí ayuda de la única manera que podía permitirme: una en la que no había riesgo de que alguien me oyera. Y que después reescribí esa petición en mi cabeza en algo más inofensivo y viví diez años con esa versión.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tardé otros seis años en pedir ayuda en voz alta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El cuadro sigue colgado en mi salón hasta hoy.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Escribo sobre esto en el libro: capítulo 1, subcapítulo Tristeza en el alma.&lt;/p&gt;
]]></content:encoded>
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                    <item>
                <title>Entonces nadie sabía lo de la metanfetamina</title>
                <link>https://mostka.sk/es/diario/2026/09/entonces-nadie-sabia-lo-de-la-metanfetamina</link>
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                <pubDate>Fri, 04 Sep 2026 00:00:00 +0000</pubDate>
                <author>jozef@mostka.sk (Jozef Môstka)</author>
                <dc:creator>Jozef Môstka</dc:creator>
                <category>Diario</category>
                                    <description>Esta foto la hizo mi tía Majka el 22 de febrero de 2019, unos minutos antes de que saliéramos hacia el baile. Me propuso que fuera con ellos. Me pareció una invitación a divertirme y acepté.</description>
                                                    <content:encoded><![CDATA[&lt;p&gt;Esta foto la hizo mi tía Majka el 22 de febrero de 2019, unos minutos antes de que saliéramos hacia el baile. Me propuso que fuera con ellos. Me pareció una invitación a divertirme y acepté.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El tema de los disfraces no lo inventé yo. Al disfraz no le puse ni una mano. Nada. Solo me dejé llevar por la ola — exactamente como funcionaba entonces en todo lo demás. Ninguna actividad consciente, ningún esfuerzo. Cuando los demás se ocupan de todo, inventar un disfraz es diversión.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La barriga de ese disfraz está rellena. Solo un poco. El resto no.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al final fui, con mi prima, y me divertí bastante. Incluso bailé. Nunca antes había bailado — y lo que hice aquella noche tampoco se podía llamar bailar. Pero entonces yo creía que sí.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En aquel tiempo iba a trabajar. A un trabajo repetitivo, pero iba. Me sentaba entre compañeros, hablaba con ellos, iba a comer con ellos. No estaba encerrado en casa. Encerrado estaba solo por la noche — cuatro paredes, dos gatos, patatas fritas y alguna serie. A veces una botella de vino con una conocida que me arrastraba hacia abajo más de lo que me admitía a mí mismo. Gracias a ella, en realidad, volví a la metanfetamina.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De eso no sabía nadie. Quiero escribirlo con precisión, porque es lo esencial: en aquel tiempo ni una sola persona sabía de mi pasado con la metanfetamina. Ni la familia. Ni mi tía Majka, que me llamaba a aquel baile. Ni la gente con la que me sentaba en la oficina.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuánto pesaba entonces, no lo sé. Fueron los dos años en los que dejé de pesarme por completo. Tengo en casa el registro exacto de cada pesaje desde el 15 de julio de 2020 — fecha, número, todo. Antes de esa fecha no tengo nada. No porque perdiera los apuntes. Porque no me subí a la báscula. Una persona que no se pesa no tiene por qué saber dónde está.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Fotos de aquella época tengo cuatro o cinco. Esta es una de ellas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No recuerdo qué pensé entonces al verla. Quizá nada. Hoy se me ocurre que así me imaginaba mi futuro — tristeza escondida detrás de una máscara que ni siquiera me hago yo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nadie ve en esa foto lo que hubo antes ni lo que vendrá después. Solo se ve a un tipo con peto rojo que sonríe.&lt;/p&gt;
]]></content:encoded>
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                <title>Lo que la editora me reprochó del primer capítulo</title>
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                <pubDate>Wed, 02 Sep 2026 00:00:00 +0000</pubDate>
                <author>jozef@mostka.sk (Jozef Môstka)</author>
                <dc:creator>Jozef Môstka</dc:creator>
                <category>Diario</category>
                                    <description>Tener el manuscrito terminado es una cosa. De ahí al libro todavía queda mucho.</description>
                                                    <content:encoded><![CDATA[&lt;h2&gt;La primera devolución editorial&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Tener el manuscrito terminado es una cosa. De ahí al libro todavía queda mucho.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando escribes la última frase, tienes la sensación de haber terminado. No has terminado. Tienes materia prima. Después llega una serie de fases de las que hace dos años no sabía absolutamente nada: edición de contenido, corrección de estilo, maquetación, portada, imprenta. Y la primera es la más desagradable de todas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La edición de contenido no significa corregir erratas — eso viene después, en la corrección, y lo hace otra persona. La editora se ocupa de si el texto funciona. De si la construcción del capítulo aguanta, de si en algún punto te aburres, de si lo que quiero decir lo estoy diciendo de verdad. Lee el manuscrito y luego te dice lo mal que se ve tu libro. Que en contenido es interesante, que tiene fuerza — pero que así no puede salir. De ninguna manera.&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;Cómo empezó&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;La primera vez que pasé por esto fue hace un año. Mandé el manuscrito a la editorial Publico. Lo leyeron entero y me respondieron bastante bien. A la vez escribieron que habría que reescribir mucho.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por entonces acababa de terminar el último capítulo. Estaba al límite de mis fuerzas y cuando me imaginé cuánto trabajo me quedaba todavía, se me quitaron las ganas. Cerré el documento y lo dejé estar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pasó un año. Les di el manuscrito a leer a los más cercanos y me dijeron una frase que lo puso todo en marcha otra vez: que eso no se puede quedar en un cajón.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Así que le quité el polvo. Busqué editores en Google, escribí unos cuantos correos. La mayoría no respondió. A una de ellas le mandé unas muestras y le gustaron — incluso me escribió que veía sitios donde podría escribirlo aún más en crudo. Esa fue la frase después de la cual supe que quería intentar trabajar con ella. Acordamos una edición de prueba de un capítulo. Ella vería si tenía sentido. Yo vería si nos entendíamos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La semana pasada me mandó los comentarios. Hoy me he sentado con ellos.&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;Cómo es esa devolución&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Me había imaginado una lista. No es una lista. Es un documento con mi texto, con notas escritas en los márgenes — en un sitio una frase, en otro un párrafo entero. En algunos puntos me escribió directamente cómo reformularía el pasaje, para que viera la diferencia y pudiera comparar. No para escribirlo por mí, sino para que entendiera de qué hablaba.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La mayoría de los comentarios no son de estilo. Son sobre lo que falta en el texto.&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;Lo que me reprochó&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Momentos despachados demasiado rápido.&lt;/em&gt; Esta es la mayor debilidad. Los acontecimientos más importantes los tengo resumidos en unas pocas frases. La primera dosis. El nacimiento de la adicción. La pérdida de control. El comienzo del tratamiento. Todo pasa tan rápido que el lector ni siquiera llega a vivirlo. Me escribió que justo esos sitios pedirían una escena concreta — no un resumen.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Una apertura que revela todo el capítulo.&lt;/em&gt; El capítulo lo abro en cursiva. Solo que esa cursiva cuenta el arco entero por adelantado y luego el texto principal recorre el mismo camino otra vez. Me propuso que la apertura construyera tensión en lugar de disolverla de antemano.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Repetición de los mismos recursos.&lt;/em&gt; Esto fue lo que más me sorprendió, porque no era consciente de ello en absoluto. Frases cortas independizadas. Construcciones «no… no… sino…». Una y otra vez «y yo…». Metáforas de oscuridad, luz, fondo, voz y silencio. Cuando hay demasiado de eso en un mismo párrafo y todo tiene el mismo énfasis dramático, el resultado suena artificial. Justo lo contrario de lo que quiero.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Frases que se contradicen.&lt;/em&gt; En dos sitios escribí algo que significa casi lo contrario de lo que quería decir. Mientras escribía no lo vi ni una vez. Ella lo encontró en una noche.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Una lista en lugar de una vivencia.&lt;/em&gt; Un párrafo es una enumeración de conceptos — delirios, miedo, colapso, diagnóstico. Lo nombré, pero no lo mostré. Y los párrafos que vienen después lo muestran de forma muy convincente. Así que esa lista solo los debilita.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Lo más flojo es el final.&lt;/em&gt; Después de vivencias muy concretas y desagradables, el texto se desliza hacia frases motivacionales genéricas. Escribió que son verdaderas, pero intercambiables con cualquier otra historia. Eso fue lo que más me dolió. Es exactamente lo que quería evitar y aun así me pasó — y justo en el sitio donde más se nota.&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;Lo que me espera&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Medio año de trabajo que no es escribir, sino reescribir. Son dos cosas distintas y la segunda es más difícil.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El sexto capítulo tengo que terminarlo. Los cinco restantes tengo que repasarlos sabiendo que los mismos errores estarán también en ellos — Lenka me lo escribió expresamente en varios comentarios: «esto está en todo el texto». Así que no es corregir un capítulo, es cambiar la manera en la que escribo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En concreto: volver a los sitios que despaché con un resumen y escribirlos como escena. Añadir hechos que tengo en la cabeza pero no en el papel. Romper las construcciones de frase que se repiten. Tachar los finales que suenan a póster.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Después vendrán la corrección de estilo de otra persona, la maquetación, la portada, la imprenta. Pero eso es más adelante.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hoy he estado sentado con ello varias horas y he corregido quizá tres páginas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es duro. Y cuando me imagino lo que me espera en el próximo medio año, no sé cómo debería sentirme. Pero aun así tengo ganas. Muchas ganas. Seguramente soy un ingenuo.&lt;/p&gt;
]]></content:encoded>
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                    <item>
                <title>Basta con aguantar hoy</title>
                <link>https://mostka.sk/es/diario/2026/08/basta-con-aguantar-hoy</link>
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                <pubDate>Mon, 31 Aug 2026 00:00:00 +0000</pubDate>
                <author>jozef@mostka.sk (Jozef Môstka)</author>
                <dc:creator>Jozef Môstka</dc:creator>
                <category>Diario</category>
                                    <description>En medio de mi transformación, Mino me dijo un día: «¿Vas a probar el boxeo?».</description>
                                                    <content:encoded><![CDATA[&lt;p&gt;En medio de mi transformación, Mino me dijo un día: «¿Vas a probar el boxeo?».&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mi primera reacción fue la misma que ante todo lo demás: imposible. ¿Yo y el boxeo? Pero dejé que me diera vueltas en mi cabeza perezosa. De algún modo se quedó allí.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando al final decidí probarlo, no me hacía ilusiones. Sabía que iba a doler. Cincuenta minutos de movimiento intenso sin pausa: eso no es algo que mi cuerpo pudiera llevar con facilidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El primer entrenamiento fue exactamente como me lo había imaginado. Cincuenta minutos que parecieron cinco horas. Mientras tanto buscaba excusas: por qué había venido, que no pertenecía allí, que mejor me habría quedado con las mancuernas, donde nadie me miraba y donde no estaba en medio de la sala.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero lo que más me pudo fue ese reloj de la pared. Cada vez que lo miraba sabía exactamente cuánto dolor me quedaba por aguantar. Treinta minutos más. Veinte. Quince. El número bajaba y no facilitaba nada. Más bien era peor: sabía que no podía excusarme, que ese tiempo era real y que tenía que atravesarlo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando terminó, estaba orgulloso de mí. No porque hubiera cambiado y mañana fuera a ser mejor. No porque aquello fuera el comienzo de algo grande. Estaba orgulloso solo porque lo había aguantado hoy. Hoy, cuando no tenía ganas. Hoy, cuando sabía que podía marcharme y que nadie me juzgaría por ello.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Me fui a casa con la convicción de que aguantar hoy es todo lo que necesito.&lt;/p&gt;
]]></content:encoded>
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                    <item>
                <title>Unos años después</title>
                <link>https://mostka.sk/es/diario/2026/08/unos-anos-despues</link>
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                <pubDate>Fri, 28 Aug 2026 00:00:00 +0000</pubDate>
                <author>jozef@mostka.sk (Jozef Môstka)</author>
                <dc:creator>Jozef Môstka</dc:creator>
                <category>Diario</category>
                                    <description>Hace unos años quise darme de alta en una web de citas. Por entonces era obeso y sabía exactamente lo que iba a pasar: no le interesaría a nadie. Así que fui a buscar un fotógrafo. Alguien que me retratara «bajo una luz mejor». Sabía que ese no sería yo. Sabía que estaba convirtiéndome en otra persona. Y aun así lo quería.</description>
                                                    <content:encoded><![CDATA[&lt;p&gt;Hace unos años quise darme de alta en una web de citas. Por entonces era obeso y sabía exactamente lo que iba a pasar: no le interesaría a nadie. Así que fui a buscar un fotógrafo. Alguien que me retratara «bajo una luz mejor». Sabía que ese no sería yo. Sabía que estaba convirtiéndome en otra persona. Y aun así lo quería.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De eso es exactamente de lo que escribo en el libro: de cómo me mentía a mí mismo. De cómo nos mentía a mí y a todos los que me rodeaban.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ahora es distinto. Publico un libro y necesito fotos. No para una web de citas. Para la web, para los medios, para la gente que va a leer sobre cómo me pasé justo esos años mintiéndome.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando alguien entre en mostka.sk verá dos fotos: la vieja, en la que peso 155,3 kg y consumo metanfetamina, y la de hoy. Puede atraerlo o puede echarlo para atrás. Las dos cosas están bien.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Así que fui a buscar una fotógrafa. Estoy a menudo en Chequia, en casa de mi pareja, pero la fotógrafa que me llamó la atención estaba cuarenta kilómetros más allá. Ganó esa opción. Cuando llegué a su estudio, lo primero que me preguntó fue: ¿qué tienes en mente?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No me lo esperaba. Yo quería que saliera natural. Pero ella me dijo que no funciona así: cuando vas a que te hagan fotos, tienes que llevar una idea. Así que nos sentamos y estuvimos deslizando por Pinterest. Cuando me gustaba una foto, intentábamos imitarla.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Durante la sesión me sentí relajado y tranquilo. Tenía un poco de miedo de sonreír demasiado: sé que cuando sonrío parezco ingenuo. Pero tampoco quería tener cara seria en todas las fotos. Era consciente de todo eso a la vez, y a veces eso hasta libera: cuando sabes a qué prestar atención, puedes trabajar con ello.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una semana después estaba listo. Siete fotos. Estoy completamente satisfecho con ellas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;¿La diferencia con la web de citas? Esta vez no me mentí. Esta vez fui simplemente yo mismo, exactamente como soy. Y las fotos lo enseñan.&lt;/p&gt;
]]></content:encoded>
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                    <item>
                <title>Las mismas colinas, otro hombre</title>
                <link>https://mostka.sk/es/diario/2026/08/las-mismas-colinas-otro-hombre</link>
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                <pubDate>Wed, 26 Aug 2026 00:00:00 +0000</pubDate>
                <author>jozef@mostka.sk (Jozef Môstka)</author>
                <dc:creator>Jozef Môstka</dc:creator>
                <category>Diario</category>
                                    <description>Fue así, de pasada, durante el entrenamiento. Mino dijo algo como: por la tarde vamos a dar un paseo a la Skalka. Como si fuera una tontería sin importancia.</description>
                                                    <content:encoded><![CDATA[&lt;p&gt;Fue así, de pasada, durante el entrenamiento. Mino dijo algo como: por la tarde vamos a dar un paseo a la Skalka. Como si fuera una tontería sin importancia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Yo no había estado en ninguna colina desde que terminé la escuela. Ni en la Skalka, ni en ningún sitio. No podía imaginar lo que eso significaría, lo difícil que sería. Pero tenía cierta idea — por eso no me apetecía mucho ir. Fui de todos modos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Skalka, cerca de Medvedzie, es una colina pequeña bajo el Javorový vrch. Normalmente hasta los niños suben ahí en un paseo dominical. Cuando llegamos, yo ya estaba agotado. Quería darme la vuelta y regresar. Mino solo dijo: ven un poco más. Y fui — pero de verdad, solo un poco.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No lo parece. Es una colina cualquiera, ninguna montaña, ninguna hazaña de la que valga la pena hablar. Pero precisamente eso muestra la desesperanza en la que vivía entonces. Lo completamente perdido que estaba — en un cuerpo que no quería obedecerme, y en una cabeza que no podía imaginar que las cosas pudieran ser de otra manera. De esto, y de mucho más, trata toda la primera mitad del libro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El primer registro de la báscula inteligente que compré por entonces es del 9 de noviembre de 2017: 106,5 kg. Entre aquella tarde en la Skalka y esa cifra hay medio año de esfuerzo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ese esfuerzo no se puede resumir en una frase sobre el progreso. Fue una serie de tardes en las que no quería ir, y fui. Igual que la primera.&lt;/p&gt;
]]></content:encoded>
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                    <item>
                <title>¿Cuánto cuesta imprimir un libro? 14 presupuestos</title>
                <link>https://mostka.sk/es/diario/2026/08/cuanto-cuesta-imprimir-un-libro-14-presupuestos</link>
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                <pubDate>Mon, 24 Aug 2026 00:00:00 +0000</pubDate>
                <author>jozef@mostka.sk (Jozef Môstka)</author>
                <dc:creator>Jozef Môstka</dc:creator>
                <category>Diario</category>
                                    <description>El libro va a existir físicamente, así que alguien tiene que imprimirlo. Y como publico por cuenta propia y la campaña necesita una cantidad objetivo exacta, necesitaba precios exactos de antemano — no estimaciones.</description>
                                                    <content:encoded><![CDATA[&lt;p&gt;El libro va a existir físicamente, así que alguien tiene que imprimirlo. Y como publico por cuenta propia y la campaña necesita una cantidad objetivo exacta, necesitaba precios exactos de antemano — no estimaciones.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Escribí a catorce imprentas eslovacas, desde Bratislava hasta Košice. No mandé un correo masivo — cada una recibió su propia consulta con diez preguntas concretas: precio para 200, 300 y 500 ejemplares, precio de reimpresión en seis meses, plazo de entrega, formato de archivos, suplemento por un inserto en color, envío a la región de Orava, posibilidad de prueba de impresión antes del tiraje.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El encargo era idéntico para todas: A5, encuadernación rústica V2, interior en blanco y negro en papel offset, cubierta a todo color con laminado mate, 16 páginas de inserto fotográfico en color en papel estucado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La oferta más barata para 500 ejemplares: 1.345 €. La más cara: 2.202 €. Diferencia: 857 €, es decir, un 64 por ciento — por un libro idéntico. Una imprenta me mandó el precio con el IVA incorrecto: 23 % en lugar del 5 % que se aplica a los libros desde 2025. Otra tenía un error evidente en su oferta — 300 ejemplares le salían más caros que 500. Sin la comparación, ninguno de los dos lo habría detectado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero la mayor sorpresa no está en los costes de impresión. La impresión representa menos de la mitad de lo que publicar un libro cuesta realmente. A eso se suma la composición tipográfica — el maquetado del texto en su forma de página final (220–400 €), el diseño de la cubierta (desde 100 €), la corrección ortográfica (1,50–3,50 € por página normalizada — una página normalizada son 1.800 caracteres, la unidad estándar de extensión de texto) y la revisión editorial por separado. La edición y la corrección son dos oficios distintos y deberían hacerlos dos personas distintas — eso tampoco lo sabía hace seis meses. Y luego el envío postal: mandar 200 libros a través de la imprenta cuesta aproximadamente el doble que hacerlo a través de agencias de mensajería.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por el camino aprendí un vocabulario del que no sabía que existía. Sangrado: el solapamiento de los gráficos tres a cinco milímetros más allá del borde de la página, para que después del corte no quede una franja blanca. Prueba de imprenta: una impresión de prueba antes de iniciar el tiraje completo. Adhesivo PUR: más flexible que el convencional, el libro se abre mejor — y necesita 48 horas para secarse antes de poder salir de la imprenta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La imprenta definitiva la elegiré cuando, tras la campaña, sepa el tiraje real. Las ofertas solo son válidas durante unas pocas semanas, así que volveré a esto. Por ahora vale una cosa: un libro se puede imprimir por un precio razonable — si uno se toma el trabajo y pregunta a más de una imprenta.&lt;/p&gt;
]]></content:encoded>
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                <title>El mito del silencio en el refugio</title>
                <link>https://mostka.sk/es/diario/2026/08/el-mito-del-silencio-en-el-refugio</link>
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                <pubDate>Fri, 21 Aug 2026 00:00:00 +0000</pubDate>
                <author>jozef@mostka.sk (Jozef Môstka)</author>
                <dc:creator>Jozef Môstka</dc:creator>
                <category>Diario</category>
                                    <description>El sábado 15 de agosto salí a pie desde Medvedzie hacia el refugio Útulňa, bajo la Magurka. En la mochila, un portátil; en la cabeza, un solo objetivo: escribir un trozo del libro en un lugar distinto a mi propio escritorio.</description>
                                                    <content:encoded><![CDATA[&lt;p&gt;El sábado 15 de agosto salí a pie desde Medvedzie hacia el refugio Útulňa, bajo la Magurka. En la mochila, un portátil; en la cabeza, un solo objetivo: escribir un trozo del libro en un lugar distinto a mi propio escritorio.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El miércoles escribí aquí sobre la primera vez que me senté a escribir fuera de casa — en una cafetería, con un té y el portátil, mientras esperaba a Hanka. El refugio era el siguiente paso del mismo experimento, solo que un poco más alto y un poco más lejos de la civilización.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La imagen era clara: montaña, silencio, nadie alrededor. La realidad fue completamente distinta. Por el camino me encontré con gente de Žarnovica que me preguntaba qué hacía con un portátil en medio del bosque. Les dije la verdad: las montañas me cambiaron la vida, así que pensé en llevar algo de su atmósfera al libro. Y no fueron los últimos. A lo largo del día pasó tanta gente por el refugio que tuve la sensación de haberme sentado a escribir en un banco junto a la carretera principal, no en las montañas. Con casi todos intercambié al menos unas palabras: quiénes sois, de dónde venís, adónde vais, qué hago yo aquí.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es algo en lo que antes no había pensado en absoluto. Cuando te imaginas yendo a escribir un libro a un lugar como un refugio, imaginas soledad. En realidad es uno de los sitios más concurridos que conozco, y eso me sorprendió más que cualquier otra cosa de ese día.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y aun así —o quizás precisamente por eso— por la tarde, hacia la una, lo tenía terminado. La parte más larga y más cruda del libro que he escrito hasta ahora. No voy a desvelar aquí de qué trata exactamente; eso pertenece al libro, no a un diario sobre el proceso de escribir. Solo diré que era un capítulo que llevaba conmigo desde hacía tiempo, y escribirlo rodeado de desconocidos que hablaban conmigo de cosas completamente cotidianas fue un contraste extraño. Quizás justo el que necesitaba.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Guardé el portátil, eché un último vistazo al refugio y empecé a bajar. Por el camino me di cuenta de una cosa: había imaginado escribir el libro en silencio. Al final nace en medio de la gente — en una cafetería, en un refugio, en todos los sitios donde pensaba que estaría solo, y no lo estuve.&lt;/p&gt;
]]></content:encoded>
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                <title>El día que jugué a ser escritor</title>
                <link>https://mostka.sk/es/diario/2026/08/el-dia-que-jugue-a-ser-escritor</link>
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                <pubDate>Wed, 19 Aug 2026 00:00:00 +0000</pubDate>
                <author>jozef@mostka.sk (Jozef Môstka)</author>
                <dc:creator>Jozef Môstka</dc:creator>
                <category>Diario</category>
                                    <description>6 de enero de 2025, lunes, 11:11. Así reza en la esquina de la pantalla en la foto que me hice ese día en la cafetería.</description>
                                                    <content:encoded><![CDATA[&lt;p&gt;6 de enero de 2025, lunes, 11:11. Así reza en la esquina de la pantalla en la foto que me hice ese día en la cafetería.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esperaba en la ciudad a que Hanka terminara de trabajar, y casualmente llevaba el portátil conmigo. Así que entré en una cafetería, pedí un té y me dije: voy a jugar a ser escritor. ¿Quién no querría sentirse al menos una vez como un escritor de verdad? ¿Sentarse en una cafetería con un té a escribir un libro?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las primeras subsecciones las escribí ya a principios de diciembre de 2024, en casa. Esta era la primera vez que escribía en otro lugar que no fuera mi propio escritorio. Y precisamente en esa cafetería terminé la última subsección del primer capítulo. El capítulo se llama La vida del hogareño y esa subsección El punto de inflexión.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Escribo en él también sobre un vídeo que me dio el impulso en aquel entonces — [https://www.youtube.com/watch?v=ZXsQAXx_ao0](Shia LaBeouf, &amp;quot;Just Do It&amp;quot;). Si lo habéis visto, sabéis que suena raro, afectado e increíble. Un tipo grita a la cámara para que persigas tu sueño. Sin embargo, en aquel momento se convirtió en un mantra para mí que necesitaba exactamente en esa forma.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y sin embargo, nunca había tenido el sueño de sentarse en una cafetería a escribir un libro. Se cumplió un sueño con el que ni siquiera había soñado. Describo más sueños cumplidos con los que no soñé en el libro, sobre todo en los capítulos posteriores — y son las mejores cosas que me han pasado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El mayor de ellos vino a mi encuentro después del trabajo ese día. Cerré el portátil y fuimos a dar un paseo juntos por el parque del palacio.&lt;/p&gt;
]]></content:encoded>
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                    <item>
                <title>Dorsal 29 — la primera carrera</title>
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                <pubDate>Mon, 17 Aug 2026 00:00:00 +0000</pubDate>
                <author>jozef@mostka.sk (Jozef Môstka)</author>
                <dc:creator>Jozef Môstka</dc:creator>
                <category>Diario</category>
                                    <description>17. de septiembre de 2017. Beh Zubrohlavským chotárom, segunda edición. Llevo el dorsal 29 y en la foto de la meta sostengo una medalla en la mano.</description>
                                                    <content:encoded><![CDATA[&lt;p&gt;17. de septiembre de 2017. Beh Zubrohlavským chotárom, segunda edición. Llevo el dorsal 29 y en la foto de la meta sostengo una medalla en la mano.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Medio año antes empecé a entrenar con el entrenador Mino. En esos seis meses perdí veinte kilos. Por primera vez en mi vida sentí que iba en la dirección correcta — así que me apunté a la carrera de forma espontánea. ¡Si ya soy deportista!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No lo era. Durante el recorrido me insultaba a mí mismo. En qué me habré metido. Que no puedo con esto. Que todo este ejercicio, todo este adelgazamiento fue un gran error. Llegué a la meta casi el último. Mino estaba allí esperando y me tendió la mano. Solo pude articular una frase: «¡Nadie me dijo que íbamos a correr cuestas!».&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Todo el mundo me alababa. Yo no tenía una buena sensación con eso. Por fuera un éxito — veinte kilos menos, carrera terminada, medalla. Por dentro estaba completamente perdido. Los miedos de la infancia me arrastraban hacia abajo incluso cuando desde fuera parecía que estaba ganando.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;También estaban allí mi madre y mi padrastro. Fue la primera y última vez que mi madre me vio hacer deporte. No sabía lo que estaba pasando dentro de mí ese día. Y hoy me alegro de que no lo supiera — y de que me viera llegar a la meta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El capítulo en el que escribo sobre este día se titula Un destello de luz que se desvaneció en la oscuridad. Ese nombre no surgió por casualidad. Mis últimos pesajes de ese período están registrados en febrero y marzo de 2018: 109,6 y 110,3 kg. Después los registros se interrumpen durante dos años. La siguiente entrada en el diario de peso es del 11 de junio de 2020 — 155,3 kg. Entre esos dos números hay dos años sobre los que escribiré en otra ocasión.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La carrera de 2017 fue un destello. Lo que vino después es la razón por la que escribo este libro.&lt;/p&gt;
]]></content:encoded>
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                <title>El tercer subcapítulo</title>
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                <pubDate>Fri, 14 Aug 2026 00:00:00 +0000</pubDate>
                <author>jozef@mostka.sk (Jozef Môstka)</author>
                <dc:creator>Jozef Môstka</dc:creator>
                <category>Diario</category>
                                    <description>Esta semana escribí uno de los subcapítulos más difíciles de todo el libro. En el último capítulo que estoy escribiendo ahora habrá más —es un capítulo donde todo lo que he descrito hasta ahora empieza a encajar.</description>
                                                    <content:encoded><![CDATA[&lt;p&gt;Esta semana escribí uno de los subcapítulos más difíciles de todo el libro. En el último capítulo que estoy escribiendo ahora habrá más —es un capítulo donde todo lo que he descrito hasta ahora empieza a encajar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Escribí sobre la terapia a la que empecé a ir porque no creía que pudiera amar. No porque nunca hubiera pensado en ello, sino porque he estado solo toda mi vida, y con eso viene la convicción de que seguirá siendo así. Tenía miedo de que mis sentimientos se hubieran quedado enterrados en algún lugar de la infancia, en momentos que ningún niño debería experimentar. De lo que pasó exactamente entonces trata todo el primer capítulo del libro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este último capítulo es diferente. No trata de lo que me pasó, sino de lo que hice con ello décadas más tarde: cómo en la terapia volvía regularmente al mismo lugar, al pequeño niño que una vez fui, y aprendí a estar en la misma habitación con él sin huir.&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;El pan de jengibre del que ya escribí&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Cuando hoy publiqué una foto del pan de jengibre que horneé el pasado diciembre, escribí que mientras los hacía pensaba en mi última sesión de terapia. Ahora sé por qué esa sesión se me quedó grabada en la cabeza durante tanto tiempo: estaba escribiendo exactamente sobre ella. Cuando escribía esa escena, se me saltaron las lágrimas. Exactamente las mismas que tuve entonces junto a la bandeja en el horno.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y justo después llegó otra cosa: una sonrisa que hacía tiempo que no tenía en la cara. No porque todo estuviera resuelto o perfecto. Sucedió porque por primera vez sentí de verdad que estaba bien exactamente tal como era.&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;Lo que queda de ello&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Aprendí mucho escribiendo este subcapítulo: sobre cómo una persona puede volver al mismo lugar una y otra vez hasta que el dolor se convierte solo en un recuerdo, no en una herida. Todo lo que aprendí está escrito hoy en el tercer subcapítulo del último capítulo del libro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este pasaje es del capítulo El demonio que cambió todas las máscaras, subcapítulo El regreso al pequeño Jožko (título provisional, sujeto a cambios).&lt;/p&gt;
]]></content:encoded>
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                <title>La tía Majka y el agujero en el hielo</title>
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                <pubDate>Tue, 11 Aug 2026 00:00:00 +0000</pubDate>
                <author>jozef@mostka.sk (Jozef Môstka)</author>
                <dc:creator>Jozef Môstka</dc:creator>
                <category>Diario</category>
                                    <description>En enero de 2021, estaba con el agua hasta la cintura en el lago congelado, con un trozo de hielo en las manos, rodeado de gente con la que me reunía regularmente ese invierno para nadar en agua fría. En la foto parece simple: un tipo en el hielo, una toma un tanto divertida. Pero detrás hay un recorrido que vale la pena contar.</description>
                                                    <content:encoded><![CDATA[&lt;p&gt;En enero de 2021, estaba con el agua hasta la cintura en el lago congelado, con un trozo de hielo en las manos, rodeado de gente con la que me reunía regularmente ese invierno para nadar en agua fría. En la foto parece simple: un tipo en el hielo, una toma un tanto divertida. Pero detrás hay un recorrido que vale la pena contar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La primera entrada en el agua helada fue diferente. Estaba allí, con miedo y vergüenza por mi propio cuerpo. Este día, un poco más tarde, ya formo parte de un grupo, y de eso trata exactamente esta parte del libro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Detrás de todo ese comienzo está mi tía Majka. En una época en la que estaba en el fondo —físicamente pesado, interiormente roto— me aceptó exactamente tal como era, sin condiciones. Nunca presionó, solo me empujó suavemente hacia el movimiento. Al final, también me empujó a mi primera inmersión en agua fría. No tenía idea en ese momento de que este paso se convertiría en uno de los puntos de inflexión de toda la historia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De esa primera y aterradora entrada en el hielo se convirtió gradualmente en algo regular, y con ello llegó algo que no había experimentado antes: un sentimiento de pertenencia. Un grupo de personas a las que les importaba marcó un fuerte contraste con los años de soledad anteriores.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Parte de este camino fue también el momento en que me permití pedir ayuda a la entrenadora, y al principio fui rechazado. En lugar de quebrarme, me fortaleció. Me di cuenta de que quería proteger esta nueva y real vida. Y que la clave para avanzar en ella era aprender a decir &amp;quot;sí&amp;quot; a las nuevas oportunidades, incluso cuando se tenía miedo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este pasaje pertenece al capítulo Un destello de luz que desapareció en la oscuridad, subcapítulos Majka: mi mayor apoyo y La chispa que encendió la esperanza.&lt;/p&gt;
]]></content:encoded>
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                <title>Una idea que llegó dos veces</title>
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                <pubDate>Mon, 10 Aug 2026 00:00:00 +0000</pubDate>
                <author>jozef@mostka.sk (Jozef Môstka)</author>
                <dc:creator>Jozef Môstka</dc:creator>
                <category>Diario</category>
                                    <description>Hace ocho años, unos compañeros en el trabajo me dijeron que debería escribir un libro. Estábamos sentados juntos y les contaba lo que había vivido hasta entonces: la vida en la calle, medio año sin sueldo, cómo aprendí a programar por mi cuenta aunque en la escuela de cocina estaba suspendiendo. Estaba totalmente perdido en aquel entonces, a veces consumía metanfetamina. A pesar de eso, la idea me pareció buena, aunque con la vida que llevaba entonces, habría sido un completo fracaso.</description>
                                                    <content:encoded><![CDATA[&lt;p&gt;Hace ocho años, unos compañeros en el trabajo me dijeron que debería escribir un libro. Estábamos sentados juntos y les contaba lo que había vivido hasta entonces: la vida en la calle, medio año sin sueldo, cómo aprendí a programar por mi cuenta aunque en la escuela de cocina estaba suspendiendo. Estaba totalmente perdido en aquel entonces, a veces consumía metanfetamina. A pesar de eso, la idea me pareció buena, aunque con la vida que llevaba entonces, habría sido un completo fracaso.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La misma idea me llegó de nuevo ocho años después. Me la inspiró una situación concreta: bonita, un poco divertida, con un colega y una apuesta que hice con él. Es uno de los pocos pasajes del libro en los que me reí yo solo mientras escribía. Me lo guardo para el capítulo al que pertenece.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La diferencia entre entonces y ahora es simple: entonces tenía una idea sin historia. Hoy, cuando tengo cinco de seis capítulos terminados, tengo una historia casi completa. El capítulo anterior lo terminé hace un año, en mayo pasado; entonces la historia aún no estaba completa. El capítulo que estoy escribiendo ahora es en el que se cierra por completo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por qué escribo sobre esto ahora&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando estaba sentado ante esta parte del libro, me di cuenta de algo que no había visto tan claramente antes: que la misma idea puede pasar dos veces por la misma cabeza y significar dos cosas completamente diferentes. La primera vez fue una huida de mi propia vida. La segunda vez fue el reconocimiento de que esa vida ya se puede decir en voz alta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esa es en realidad la razón por la que escribo este libro: no para demostrar que &amp;quot;todo es posible&amp;quot;, sino para mostrar lo que realmente costó.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Escribo sobre esto en el libro: capítulo La vida es bella, subcapítulo Todo es posible.&lt;/p&gt;
]]></content:encoded>
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                    <item>
                <title>Primer paso</title>
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                <pubDate>Fri, 07 Aug 2026 00:00:00 +0000</pubDate>
                <author>jozef@mostka.sk (Jozef Môstka)</author>
                <dc:creator>Jozef Môstka</dc:creator>
                <category>Diario</category>
                                    <description>8. de junio de 2020. A las doce del mediodía, la caja estaba en la escalera. A las cinco de la tarde, la cinta de correr estaba en el salón.</description>
                                                    <content:encoded><![CDATA[&lt;p&gt;8. de junio de 2020. A las doce del mediodía, la caja estaba en la escalera. A las cinco de la tarde, la cinta de correr estaba en el salón.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;944,90 €. Ciento diez kilos de hierro capaz de ir a veintidós kilómetros por hora.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sabía que tenía que hacer algo conmigo mismo. Pero no quería volver a empezar a hacer ejercicio. Así que tomé el camino más fácil que era capaz de tomar en aquel momento. Quince minutos de caminata al día. No era capaz de más en ese entonces.
Tres días después me subí a la báscula. 155,3 kg.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En los primeros tres meses bajaron nueve kilos. En los once meses siguientes, tres.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Escribo sobre esta cinta en el libro — capítulo &amp;quot;Ascenso desde la sombra del pasado&amp;quot;, subcapítulo &amp;quot;Cada paso tiene su significado&amp;quot;.&lt;/p&gt;
]]></content:encoded>
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                    <item>
                <title>Primera entrada</title>
                <link>https://mostka.sk/es/diario/2026/08/primera-entrada</link>
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                <pubDate>Tue, 04 Aug 2026 00:00:00 +0000</pubDate>
                <author>jozef@mostka.sk (Jozef Môstka)</author>
                <dc:creator>Jozef Môstka</dc:creator>
                <category>Diario</category>
                                    <description>19. Agosto 2021, 16:06. Estoy sentado en el Fabia, me giro y alguien me hace una foto. La barriga contra el volante, el cinturón cruzándola. No estaba posando, no me lo esperaba. Así salen las fotos en las que se ve de verdad a una persona.</description>
                                                    <content:encoded><![CDATA[&lt;p&gt;19. Agosto 2021, 16:06. Estoy sentado en el Fabia, me giro y alguien me hace una foto. La barriga contra el volante, el cinturón cruzándola. No estaba posando, no me lo esperaba. Así salen las fotos en las que se ve de verdad a una persona.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando se la enseño a alguien hoy, dice lo mismo: así era cuando estaba en lo más bajo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No lo estaba.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuatro días antes, el 15 de agosto a las 9:56 de la mañana, me subí a la báscula. 143,2 kg. En ese momento ya llevaba doce kilos menos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo máximo que llegué a pesar fue el 11 de junio de 2020. 155,3 kg. Fue el primer pesaje tras dos años sin pesarme en absoluto, porque no quería saber.&lt;/p&gt;
]]></content:encoded>
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