Entonces nadie sabía lo de la metanfetamina
Esta foto la hizo mi tía Majka el 22 de febrero de 2019, unos minutos antes de que saliéramos hacia el baile. Me propuso que fuera con ellos. Me pareció una invitación a divertirme y acepté.
El tema de los disfraces no lo inventé yo. Al disfraz no le puse ni una mano. Nada. Solo me dejé llevar por la ola — exactamente como funcionaba entonces en todo lo demás. Ninguna actividad consciente, ningún esfuerzo. Cuando los demás se ocupan de todo, inventar un disfraz es diversión.
La barriga de ese disfraz está rellena. Solo un poco. El resto no.
Al final fui, con mi prima, y me divertí bastante. Incluso bailé. Nunca antes había bailado — y lo que hice aquella noche tampoco se podía llamar bailar. Pero entonces yo creía que sí.
En aquel tiempo iba a trabajar. A un trabajo repetitivo, pero iba. Me sentaba entre compañeros, hablaba con ellos, iba a comer con ellos. No estaba encerrado en casa. Encerrado estaba solo por la noche — cuatro paredes, dos gatos, patatas fritas y alguna serie. A veces una botella de vino con una conocida que me arrastraba hacia abajo más de lo que me admitía a mí mismo. Gracias a ella, en realidad, volví a la metanfetamina.
De eso no sabía nadie. Quiero escribirlo con precisión, porque es lo esencial: en aquel tiempo ni una sola persona sabía de mi pasado con la metanfetamina. Ni la familia. Ni mi tía Majka, que me llamaba a aquel baile. Ni la gente con la que me sentaba en la oficina.
Cuánto pesaba entonces, no lo sé. Fueron los dos años en los que dejé de pesarme por completo. Tengo en casa el registro exacto de cada pesaje desde el 15 de julio de 2020 — fecha, número, todo. Antes de esa fecha no tengo nada. No porque perdiera los apuntes. Porque no me subí a la báscula. Una persona que no se pesa no tiene por qué saber dónde está.
Fotos de aquella época tengo cuatro o cinco. Esta es una de ellas.
No recuerdo qué pensé entonces al verla. Quizá nada. Hoy se me ocurre que así me imaginaba mi futuro — tristeza escondida detrás de una máscara que ni siquiera me hago yo.
Nadie ve en esa foto lo que hubo antes ni lo que vendrá después. Solo se ve a un tipo con peto rojo que sonríe.